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El regreso del socialismo
Nadie llega a creerse lo que ve y oye. Después de más de 15 años del colapso de la Unión Soviética, el presidente de Venezuela ha dejado bien claro que su país está embarcado en una revolución socialista.
Por sí mismo, el anuncio de que los sectores estratégicos industriales y el banco central del país serán sometidos a control estatal - como las políticas de redistribución de la renta en favor de los pobres y la expansión de la provisión de salud y educación gratuita, existentes en Venezuela – asombra, sobre todo, por el contexto neoliberal de las últimas décadas.
El gobierno británico de Clement Atlee tomó medidas similares tras las consecuencias de la de la II Guerra Mundial, al igual que muchos otros países capitalistas durante el período que abarca desde el comienzo a la mitad de la Guerra Fría, al tiempo que los aliados anticomunistas de los EEUU se mantenían leales a estos. Incluso los propios EEUU, durante la época del New Deal, a través del que sobrevivió la depresión de los años 30, y las políticas de la Gran Sociedad de los años 50 y 60, demostraron que se podía priorizar el estado de bienestar y la economía, en su conjunto, por encima de la actuación basada en la obtención de beneficios a cualquier precio.
Pero la revolución en Venezuela no tiene que ver simplemente con economía y estado de bienestar. Las estructuras emergentes de participación popular y la unificación que se está produciendo del partido socialista están diseñadas para asegurar una transferencia del poder de los ricos hacia las clases trabajadoras y los pobres.
La pregunta que salta a la palestra si Chávez tiene éxito en la construcción del socialismo es la siguiente: ¿tiene un futuro viable? Si lo tiene, hay una posibilidad de que la naturaleza de las políticas a lo largo del globo cambien de nuevo cuando la gente vea la posibilidad de que se pueda practicar un sistema que maneje conscientemente los recursos naturales y la producción al servicio de la mayoría de los seres humanos, en lugar de ponerlos en bandeja a los mercados y corporaciones. Esta es la amenaza real del socialismo venezolano.
El Washington Post, en su editorial del 10 de enero, aseguró a sus lectores que el socialismo no puede funcionar: “[Los venezolanos] pueden esperar una disminución regular de sus libertades – y si la historia del socialismo fuese la guía – un empobrecimiento nacional”. Sin embargo, fueron las reformas neoliberales de los años 80, no el socialismo, las que llevaron a Venezuela a un empobrecimiento nacional y depresión, de lo cual está emergiendo en la actualidad.
Un requisito esencial para el crecimiento económico en los países en vías de desarrollo es la habilidad para usar e integrar la tecnología mundial. Este es el reto de cualquier país en vías de desarrollo: tanto intentar adquirir la tecnología y acumular una deuda impagable en ese proceso, o permitir inversión extranjera - arriesgando, así, que el volumen de ingresos generados salgan al exterior y, al mismo tiempo, una pérdida del control económico y político en casa.
La percepción extendida de que la URSS colapsó debido a que su sistema económico era intrínsicamente defectuoso necesita ser revalorada. Durante los períodos en los que tuvo acceso libre a la producción de conocimiento y maquinaria avanzada, en los años 30 (principalmente desde los EEUU) y desde 1945 hasta avanzada la década de los 50 (desde la Alemania vencida), la Unión Soviética se desarrolló a un nivel impresionante. Y, al contrario de lo prometido, la reintroducción del capitalismo en la antigua Unión Soviética, condujo a un pastel económico menor y repartió más desigualdad.
En un movimiento que consternó a parte de la izquierda,
El famoso lema electoral de Bill Clinton, "¡es la economía, estúpido!", precisa ser revisado. También tiene que ver con lo que puedes hacer con la economía. Y tampoco tiene que ver con democracia – solamente tiene que ver con lo que puedes hacer con tu democracia.
Bajo las condiciones de la liberal-democracia, 2.000 civiles manifestantes fueron masacrados por la armada en los disturbios de 1989, a lo que se llamó El Caracazo.
La pérdida de confianza de la población en la habilidad de la liberal-democracia y el sistema corrupto bipartidista para representar sus intereses contra las élites que controlaban los medios de comunicación, las instituciones estatales y la economía, es lo que empujó a Chávez (que, por aquellos tiempos, era un oficial de la armada desconocido) a organizar una fallida rebelión cívico-militar en 1992.
La abrumadora victoria de Chávez en las elecciones presidenciales de 1998 fue la confirmación electoral de esta insurrección. Chávez ya ha comenzado a reemplazar la liberal-democracia por una democracia participativa que responda a las necesidades
Este modelo, basado en el éxito de las misiones, se ha extendido a otras áreas de la vida económica, social y cultural. Se han establecido consejos comunitarios formados por 200-400 familias (un menor número en zonas rurales), y se encargarán de algunas funciones clave de la vieja maquinaria estatal de forma gradual, incluyendo la responsabilidad directiva en políticas y proyectos públicos. Se están debatiendo nuevas propuestas para intensificar el poder popular, y lo más posible es que sean incluidas en la nueva constitución, la cual será presentada a referendum durante este año. Bajo un sistema de democracia participativa, una vuelta a las políticas neoliberales sería inconstitucional si no cuenta con la aprobación popular.
Es posible que los Estados Unidos respondan a esto imponiendo a
Chávez no está sólo. Sus políticas engloban el impresionante apoyo – y la creciente participación - de la población del país; y la izquierda, en tonos que van de "blando" a "radical", domina la vida política de Latinoamérica.
Después de sobrevivir a un golpe de estado inspirado por los EEUU y una huelga de los sectores de negocios, con el control de enormes reservas de petróleo de las que los EEUU dependen parcialmente, con una China en crecimiento dispuesta a invertir en su economía diversificada, con Rusia comprometida a re-equipar sus fuerzas militares, y con Cuba –ese superviviente del socialismo del siglo XX- como aliado e inspiración, la afirmación de Hugo Chávez de que el progreso de Venezuela hacia el socialismo es “imparable” comienza a parecer algo más que rimbombante demagogia.