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Ambiciones Desveladas

La falta de una opción real para los votantes del sistema político británico no es nada nuevo. El consenso sobre nacionalización y provisión directa de servicios de asistencia social alcanzado tras la II Guerra Mundial fue simplemente eso, un consenso. Y durante los años de Thatcher, la escapada de políticos laboristas veteranos, apoyada por los medios de comunicación, para formar el Partido Democrático Social, aseguró que el Partido Laborista no podría ser elegido.

Pero en los viejos tiempos, el sindicato de base y la constitución social del Partido Laborista significó, al menos, que los partidos más grandes parecían representar a diferentes fuerzas sociales. Para asegurarse de que la prensa y medios presentaran el Laborismo como "elegible", las bases tuvieron que diluirse y la constitución tuvo que ser modificada. Tony Blair era el hombre perfecto para ese trabajo. Tenía tanto carisma que las críticas de oportunismo lanzadas contra él – las unas sobre el abandono de sus principios y las otras sobre el no abandono de sus principios y que planeaba en secreto la implementación de políticas Laboristas reales tan pronto como fuera elegido – parecían contradecirse la una a la otra.

Así nació el fenómeno al que hoy llamamos 'travestismo' - el transexualismo político en que los candidatos lideran la comparsa del país con ropa poco convencional y emocionan a sus clientes o se preocupan de lo que se encontrarán cuando se metan en negocios. Aparentemente, los visitantes aventureros que van a Tailandia pueden disfrutar de una forma de incertidumbre no muy diferente por sólo unos cuantos Baht.  
Los peligros de la ingenuidad de este juego se han puesto de manifiesto durante la reciente conferencia anual del partido. Como apuntó Alan Cowell, del New York Times,  el nuevo Líder del Partido Conservador, David Cameron, es el director de:

“... una institución cuya base es una clase media de uniforme y brillos azules, salida de una amplia zona de clase media, blanca y acomodada que aspira a pagar bajos impuestos y tener grandes privilegios. Todo eso, dicen, podría hacer que los Conservadores se muevan hacia sus promesas de construir un nuevo partido basado en problemas como el medioambiente, la familia y la responsabilidad social”.

Cowell hizo otra observación que tuvo menor atención en los medios británicos:

“Algunos bloggers conservadores, como Tim Montgomerie, redactor de ConservativeHome.com, argumentan que las políticas verdes y sociales de Cameron corren el riesgo de perder lo que él denomina votantes ` Morrison ', llamado así por una cadena de supermercados de bajo coste cuyos clientes medios son más vulnerables a cometer crímenes y hacer uso de los precarios servicios públicos, quienes se resienten por los aumentos de impuestos y quienes están más intranquilos por los bajos salarios de los inmigrantes."

La ruidosa protección ideológica

Los partidos políticos y los medios de comunicación, a menudo, crean o exageran los problemas y luego exigen (o prometen) que debe hacerse algo al respecto. Esto ayuda a construir la carrera de magnate de la política y medios de comunicación y también legitima el papel social que ocupan estas personas. Pero no hay ningún recorte de los problemas reales, los cuales, tanto a nivel global como nacional,  están causados o agravados por el capitalismo.

Allá donde tales problemas se pueden identificar, no como problemas del capitalismo, sino como problemas causados o unidos a un grupo de gente concreto, particularmente aquella gente considerada “diferente”, nuestros arreglos ideológicos pluralistas se vuelven realmente funcionales. La prensa y los políticos capitalistas compiten para protegernos lo más valerosamente posible contra aquellos que personifican los síntomas del capitalismo.

Durante los mandatos del Laborismo británico desde mediados hasta finales de los años 70, los medios de comunicación centraron su atención a la lucha contra el crimen callejero; en cada oportunidad que tenían, los diarios destacaban que muchos de los "asaltantes" eran negros. Los beneficiarios electorales de esta campaña fueron el pequeño y abiertamente racista Frente Nacional y, en un grado mucho mayor, el Partido Conservador.

Aunque los niveles de crimen siguieron a unos niveles espectaculares de desempleo en los años 80 bajo el  régimen de Margaret Thatcher, el laborismo de la oposición no pudo sacar ninguna ventaja electoral; por el contrario, los conservadores ganaron ya que el problema empeoró bajo su gobierno. Los medios se aseguraron de hacer comprender a la gente que el crimen lo causan los criminales – y no las condiciones sociales - y los Conservadores fueron presentados como "más duros" en su papel contra los criminales. Pero entonces, según la mini-biografía de Tony Blair en la página web de Downing Street:

“Tras las elecciones de 1992 (ganaron los Conservadores), el nuevo líder del Laborismo, John Smith, ascendió a Blair a Ministro del Interior en la sombra”. El Sr. Blair, ocupando este puesto, hizo famosa su promesa de que el Laborismo sería duro con el crimen y duro con las causas del crimen.

“John Smith murió de forma súbita e inesperada en 1994 y, en la batalla por el liderazgo, Tony Blair consiguió el apoyo de la mayoría de su partido...”

Blair, con el apoyo de aquellos que consideraban que el crimen tiene causas sociales importantes y atrayendo a otros votantes con promesas de ser igual de duro con los criminales que los Conservadores, dejó al partido gobernante fuera de juego en lo que respecta a este asunto.  

¿Todo aclarado y sin lugar a dónde ir?

Desde entonces, la ausencia de cualquier diferencia política significativa entre los Conservadores y los políticos Laboristas ha causado inmensas dificultades a una sucesión rápida de los líderes Conservadores, que fueron despedidos de su partido tras no ser capaces de causar ningún tipo de impacto. Incapaces de distanciarse de la acción menos popular de Blair, la invasión de Irak dirigida por los EEUU, los Conservadores trataron de ganar poder en 2004 inclinándose hacia la “Clase Media inglesa” y los “votantes Morrison” a través de su ataque a gitanos e inmigrantes. Los diarios de gran tirada se unieron a la batalla, con el The Sun exigiendo "Pisotear los campamentos (nómadas)”.

Pero el líder Conservador, Michael Howard, perdió muchos votos de la clases media y trabajadora por culpa de la “suciedad” de su retórica; igualmente importante es que Howard perdió el apoyo de los empresarios que utilizan trabajadores inmigrantes a muy bajo coste para obtener grandes beneficios.

El jefe de la campaña “sucia” tras la estrategia de los Conservadores de Michael Howard en 2004 era... David Cameron.

¿Es posible que la nueva estrategia de Cameron, que consiste en reposicionar a su partido alrededor de “temas como el medioambiente, la familia y la responsabilidad social”, tenga éxito?

Fraser Nelson de el Spectator,  la revista intelectual de la derecha conservadora, sugirió que es posible que Cameron no esté arriesgando demasiado con su llamamiento a los votantes que desean que el Reino Unido sea un lugar mejor situado en un mundo mejor:

“Cuando se acusa a David Cameron de enajenar a los votantes conservadores tradicionales con su plantación de árboles, entendimiento a jóvenes criminales y maltrato a Israel, tiene una réplica fácil. ¿Al partido Liberal Demócrata de los altos impuestos? ¿Se apuntarán al consenso progresivo de Gordon Brown? El Sr. Cameron puede escorarse a la izquierda tanto como quiera siempre y cuando está conectado a los miembros de su partido”.

En el artículo de Nelson, publicado con anterioridad a las conferencias Laborista y Conservadora de 2006, expresa su optimismo de que algunos partidos minoritarios de derecha como el Partido por la Independencia del Reino Unido (UKIP) no conseguirán hacerse con demasiadas "almas frustradas" del Partido Conservador.

El nuevo juego sucio

Sin embargo, es posible que Nelson haya subestimado su despiadada ambición, hasta qué punto se puede jugar sucio y el conocimiento táctico de otras de las principales figuras del partido de Reino Unido más importante de la derecha, izquierda y centro – el Laborismo. Si es así, estaba muy bien acompañado. En la editorial del 29 de agosto de esta revista (21st Century Socialism), analizando los efectos negativos de las "duras palabras" sobre inmigración  pronunciadas por el jefe del ministerio de del gobierno Laborista (Ministro del Interior), John Reid, comentamos lo siguiente:

“Tony Blair también...ha declarado que quiere que hablemos de inmigración, al mismo tiempo que de terrorismo y de “cohesión comunitaria”. El Sr. Blair no se presentará como líder de su partido en las próximas elecciones generales y es posible que no le preocupe demasiado si el debate político generado por esta priorización y combinación de temas beneficia al Partido Conservador y otras fuerzas de derecha y daña al Partido Laborista".

Quizás nosotros, igual que el Editor Político del Spectator, excluimos algunos factores importantes en nuestro análisis.

Hay un discurso relativamente nuevo que promueve la hostilidad a etnias extranjeras, levanta una plataforma en la que se muestran tan duros como le gusta a la gente, y encima moviliza a los liberales sociales y a aquellos individuos de la "izquierda" que están detrás del fuerte e intransigente liderazgo del país. La necesidad de hacer frente al terrorismo islámico, fundamentalismo islámico, falta de integración islámica... la necesidad, en definitiva, de combatir con valentía todo error islámico con que uno se encuentre.

Liderando las maniobras para deshacerse de Cameron y adelantándose a sus rivales por el liderazgo laborista, John Reid  avisó a los padres de la fe musulmana de su responsabilidad de vigilar cualquier "signo" temprano de radicalismo que se dé. Mientras los Conservadores se deshacían del símbolo de la llamarada azul y lo reemplazaban por el borroso árbol verde, Reid se sacó de la manga una emocionante llamada a las armas:

“La victoria en esta batalla ideológica – esta batalla de valores – es la única victoria posible para asegurar una paz verdadera”.

A esto le siguió lo que The Sun describió como un “discurso lleno de fuerza”, realizado por John Reid en la Conferencia del Partido Laborista en Manchester, en el que repitió su intención de endurecer los controles de inmigración en Reino Unido y acusó a los Conservadores de ser blandos en temas como el crimen y el terrorismo.

En su último discurso en la Conferencia del Laborismo (la mayor parte de éste, de acuerdo con el Daily Telegraph, fue escrito por él mismo), el querido líder saliente, Tony Blair, también se burló de David Cameron, afirmando que se estaba moviendo hacia el antiamericanismo, era débil en sus políticas de inmigración y era demasiado comprensivo con los criminales jóvenes. Dijo esto de forma aplastante:

“... sus políticas para la viejecita aterrorizada por ladrones adolescentes son que la señora ponga su brazo sobre él y le de dé un enorme abrazo”.

En la Conferencia de los Conservadores que le siguió, Cameron rechazó de forma constante precisar un compromiso para reducir impuestos. Y casi sin tiempo para que el azul borroso de la Conferencia Conservadora se borrase de nuestras pantallas, nos despertaron los miedos de la identidad moderna, tolerante y diversa de nuestro país por las mujeres "sin cara” que llevan burka. 

Capuchas y burkas

Al parecer algunas mujeres musulmanas en el norte de Inglaterra han visitado la oficina de su miembro en el parlamento local llevando el burka. Esto incomodó a su parlamentario (varón) porque no podía ver sus expresiones faciales.  En lugar de pedírselo en persona y en privado, que cediesen a mostrar sus caras para ser inspeccionadas, el parlamentario decidió transmitir su preocupación a través de los medios de comunicación. 

El Honorable Jack Straw, miembro del parlamento en Blackburn, quien nos animó a enfrentarnos a esta grave amenaza a la comunicación humana, fue el Ministro de Exteriores británico que nos condujo a la guerra (secular) con Iraq, llevando al país a un baño de sangre etno-religioso y sectario.  Se dice que Straw apoya a Gordon Brown en la lucha para ser el próximo primer ministro británico.

Las declaraciones de Straw tuvieron lugar coincidiendo con el estallido de noticias cuyo centro eran los musulmanes, incluyendo un taxista londinense que se negó a permitir que el perro de una mujer ciega entrara en su taxi y un policía a quien sus superiores permitieron hacerse cargo de otros asuntos en lugar de proteger la embajada de Israel.

Un observador ingenuo puede pensar que hay una conspiración institucional para aislar el asedio virtual a la comunidad musulmana, disfrazada como una serie de intentos de hacer que salga se su gueto y abrace el núcleo acogedor de la sociedad dominante.

Mientras tanto, como informó el Daily Telegraph el 6 de octubre, un cerco real tenía lugar en la ciudad natal de nuestra Reina:

“La pasada noche, la policía consiguió parar dos semanas de choques provocados por un altercado menor a la entrada de una tienda de productos lácteos, de propietario musulmán, en Windsor.

“Tres furgones de la policía antidisturbios realizaron una redada entre una banda de 40 jóvenes que se concentraban a la entrada de la tienda de productos lácteos Medina...

“Los religiosos utilizan la tienda para rezar y sus dueños están apoyando los planes de crear un centro de estudios islámicos en la ciudad de Berkshire. Una banda de cerca de 50 jóvenes de la localidad se han concentrado en la zona de Dedworth desde principios de esta semana y han tirado piedras y abusado del personal del local. También han provocado desperfectos en la tienda. La noche del miércoles alguien lanzó un cocktail molotov desde una motocicleta.

“También se encontraron en la zona dos cocktail molotov, barras de hierro y navajas.”

¿Una razón para estar contento?

En una de las más informativas intervenciones de los medios de comunicación que le siguieron, BBC Radio 4 emitió el día 12 de octubre un documental de media hora que estuvo a la altura del lema de la cadena  “discurso inteligente”.  El programa, titulado “Desvelada”, incluía una breve entrevista a una de las ciudadanas con burka del electorado del Blackburn del Sr. Straw, una mujer joven y segura que, a pesar de dar clases de psicología y estudios religiosos a estudiantes de secundaria, hablaba con el típico acento del norte de Inglaterra.  Subrayó que los comentarios de Jack Straw no ayudaban en nada porque:

“…la gente que no tiene una opinión se va a formar una y, sin duda, esa será una opinión con prejuicios.”

Al principio estas declaraciones sonaron un poco impactantes.  Nuestra democracia Occidental se enorgullece del derecho de todos a opinar – teniendo esto en cuenta, sugerir que hay temas en los cuales mucha gente no tiene una opinión y que quizás fuera mejor si la cosa continuara de esa manera parecía casi un insulto.

Pero permítanos verlo desde más cerca. Hay muchos asuntos en los que mucha gente o no tiene una opinión o, de forma muy confusa, sus opiniones son insostenibles – bien porque no tienen ni la información ni la base de análisis necesaria para formar una opinión o porque el problema no parece tener importancia o relevancia para ello; alguien podría incluso discutir que no tiene mucho sentido tener opiniones en asuntos en los cuales uno no tiene ni influencia ni responsabilidad.

En otras circunstancias, el caso de Aisha Azmi, una profesora asistente que lleva burka a quien suspendieron de su puesto en la Escuela de Primaria Headfield Church of England en Yorkshire, puede incluirse en esa categoría.  Puede que haya información en asuntos cruciales – relacionados con teoría educativa, la forma en que el colegio está organizado, cuántos profesores varones hay en el colegio, si otra decisión diferente a la de suspender a la Srta. Azmi de su puesto hubieran producido un final más satisfactorio – a los que poca gente tiene acceso y a los que incluso menos gente ha prestado consideración; los tribunales laborales dedican a menudo varios días a escuchar y sopesar esa información detallada. 

Para los políticos y los que controlan los medios de comunicación en el mercado capitalista de ideas, formando y cambiando la opinión de unos y otros, va más allá de la simple información, análisis y principios; es una parte clave de cómo incrementar tu perfil y mejorar tus expectativas y/o tus facciones políticas o fábrica de información. 

La suspensión de la Srta. Azmi se hizo pública el 13 de octubre. Exactamente al día siguiente, Phil Woolas, Ministro del Gobierno Local y Cohesión Comunitaria, a pesar de su apretada agenda, fue capaz de formar la opinión de que la Srta. Azmi debería ser despedida y, para ir más allá todavía, fue capaz de hacerlo ante los medios de comunicación para asegurarse de que todos nos enterábamos de ello.

Preocupados por quedar últimos en la carrera, los Conservadores se unieron al debate; el Daily Telegraph anunció el 15 de octubre bajo el titular “Los Conservadores acusan a los musulmanes de crear un apartheid encerrándose en su grupo” lo siguiente:

“David Davis, el [Conservador] Ministro del Interior en la sombra, afirma que el Reino Unido está arriesgando divisiones sociales y religiosas tan profundas que las bases de la sociedad, como la libertad de expresión, se "corroerán" y se crearán las condiciones perfectas para el crecimiento del terrorismo en casa.

“Su cruel intervención en un artículo del The Sunday Telegraph representa un endurecimiento de la posición de los Conservadores en relación a los daños del radicalismo islámico y apoya la llamada de algunos ministros para que las mujeres musulmanas de deshagan de sus burkas. Esto es también la desaparición del mensaje de “Conservadurismo social” lanzado por David Cameron…

“El Sr. Davis consiguió el apoyo de David Blunkett, anterior ministro del Interior del gobierno Laborista, quien afirmó: ‘No deberíamos hacer excepciones para evitar decir las cosas que queremos decir simplemente porque podamos causar un escándalo.’”

El artículo del Telegraph también nos dijo lo siguiente:

“Una encuesta de ICM durante esta semana mostró que un 57% de los votantes desean que los musulmanes pongan más de su parte para integrarse, y un 53% están de acuerdo con el Sr. Straw en que el burka crea una barrera entre las mujeres musulmanas y el resto de la población.”

¿Solo un 57%? ¿Solo un 53%?  Estas cifras sugieren que si los medios nos hubieran saturado con noticias positivas, en lugar de negativas, acerca de los musulmanes, solamente una minoría hubiera estado de acuerdo con estos puntos de vista.

El 53% que apoya la afirmación de que “el burka crea una barrera entre las mujeres musulmanas y el resto de la población” es especialmente interesante.  La afirmación es casi una tautología: el burka es, por definición, la última de las barreras visuales. Sin embargo, solamente poco más de la mitad de los encuestados se mostró de acuerdo con esta afirmación. Esto indica que mucha gente tiene una idea acerca de lo que el Sr. Straw pretende, y no les entusiasma.

El hecho de que solamente el 31% de aquellos encuestados por ICM con edades comprendidas entre 18 y 24 años se mostraron de acuerdo con Jack Straw en que “el burka crea una barrera”, lo cual no fue recogido por el Telegraph, nos proporciona optimismo para la "cohesión comunitaria", a pesar de los esfuerzos de los creadores y negociadores de nuestro mercado político.

 

Artículo traducido del inglés por James Walsh y Rafael Lafuente